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¿JUZGAS CON FRECUENCIA? (Autor desconocido)
Explicit
June 24, 2007 08:56 AM PDT
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“Había un hombre que tenía cuatro hijos. Como parte de su educación él quería que ellos aprendieran a no juzgar a las personas y las cosas con la ligereza con la que solían hacerlo. Entonces, decidió enviar a cada uno de ellos, por turnos, a ver un árbol de manzano que estaba sembrado bastante lejos de su casa. En su país había estaciones, así que al primer hijo lo envió en invierno; al segundo, en primavera; al tercero, en verano, y al cuarto en otoño. Cuando todos habían ido y regresado, el padre los llamó y les pidió que describieran lo que habían visto. El primer hijo dijo que el árbol era horrible, lucía sin hojas y estaba retorcido, le pareció seco y sin vida. El segundo sostuvo que no era así, que el árbol estaba cubierto de brotes verdes y lleno de retoños que prometían nuevas ramas y flores. El tercer hijo no estuvo de acuerdo con ninguno de los dos, y dijo que el árbol estaba cargado de flores que emanaban un aroma muy dulce y que era el árbol más hermoso que jamás había visto. Pero, el último de los hijos, dijo que el árbol era diferente a como lo habían descrito sus hermanos, estaba cargado de manzanas maduras, completamente lleno de vida y bienestar. Entonces el padre les explicó que todos tenían razón, porque ellos sólo habían visto parcialmente la vida del árbol. Y añadió que por eso no se podía juzgar a una persona, si tan sólo se le había conocido en una de sus estaciones.” Es sorprendente observar la ligereza con que a veces juzgamos a los demás, sin darnos cuenta de que con nuestros comentarios, actitudes y comportamiento, podemos llegar a ofender, lastimar y aniquilar nuestras relaciones con los demás. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, esos comentarios negativos, que se hacen sin ninguna responsabilidad, hablando por hablar, terminan afectando y dañando la imagen, la dignidad y hasta la estabilidad de las personas. Si estuviéramos conscientes de las consecuencias de lo que decimos en el momento en que nos dejamos llevar por la emoción, seguramente pensaríamos antes de hacerlo y verificaríamos la veracidad de la información que supuestamente tenemos. Un primer contacto no necesariamente nos muestra quién es realmente esa persona. Recordemos que, muchas veces, nosotros mismos nos escondemos detrás de diferentes máscaras para proteger nuestra privacidad o debilidades, reservándonos para el momento cuando, habiendo comprobado la autenticidad de quienes acabamos de conocer, podamos mostrarnos tal cual somos. Cuando juzgamos desde afuera el comportamiento de otros, cerramos nuestro corazón y olvidamos ponernos en su lugar para saber qué sienten, qué piensan, pues sólo así podremos comprender mejor sus actitudes.