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En la década de los sesentas, cientos de jóvenes soñadores, líderes en universidades y organizaciones estudiantiles, soñaban con cambiar las cosas a través del activismo radical. Uno de ellos, Kent M. Keith, entonces estudiante en Harvard, defendía otra postura, anhelaba una ruta diferente. Para él, por loco que a veces pareciera el mundo, cada individuo podía actuar correctamente y contribuir a mejorarlo, tenía en sus manos el poder de influir positivamente en él. Entonces decidió escribir un manifiesto basado en diez mandamientos paradójicos que, con el paso de los años, han sido adoptados por personas de toda índole y condición, entre ellas la madre Teresa de Calcuta. Por mucho tiempo se tuvo la idea de que estos "mandamientos paradójicos" eran de la autoría de Madre Teresa, precisamente porque los tenía escritos en una de las paredes de su celda. Estos principios atemporales constituyen un credo moderno para alcanzar, como afirma Spencer Johnson en el prólogo, «una vida llena de sentido personal. Ésa que realmente vale la pena vivir. «Las personas son irrazonables, inconsecuentes y egoístas; perdónalas de todos modos. Si eres bondadoso, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas; sé bondadoso de todos modos. Si tienes éxito, te ganarás amigos falsos y enemigos verdaderos, ten éxito de todos modos. Si eres franco y sincero, la gente puede engañarte; sé franco y sincero de todos modos. Lo que te cuesta años construir, alguien podría destruirlo en una noche; construye de todos modos. Si encuentras sosiego y felicidad, podrían envidiarte; sé feliz de todos modos. El bien que hagas hoy, muchos lo habrán olvidado mañana; haz el bien de todos modos. Da al mundo lo mejor que tienes, y quizá nunca sea suficiente; da al mundo lo mejor que tienes de todos modos. Ya ves, a fin de cuentas, todo queda entre Dios y tú; nunca fue entre el mundo y tú de todos modos.» Escribe estas palabras donde puedas verlas a diario, entonces podrás descubrir lo que Jesús, con su muerte y Resurrección, nos demostró.
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Hola amigos. Ya les había contado hace unos meses sobre lo que ha sido para la agrupación Son by Four su regreso a la Iglesia Católica; ahora quiero compartirles algunas imágenes de su concierto en la Guajira el año pasado. Adquirir legalmente la música de Son By Four, y de otros muchos artistas católicos, es la mejor forma de que estos hermanos nuestros, a quienes Dios ha bendecido con un talento singular, puedan continuar su difícil labor evangelizadora. Sin necesidad de que tengas tarjeta de crédito, puedes comprar sus trabajos discográficos en algunos portales especializados de música católica como www.reddemusicacatolica.com Puedes enviar tu pago mediante giro postal a través de Western Union o Moneygram. Dos entidades que todos conocemos muy bien, y están en muchos de los supermercados de nuestro país.
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Amo el arte. Me gusta su trascendencia, su elocuencia, pero sobre todo su capacidad de suscitar emociones y pensamientos profundos. Siguiendo la costumbre del "Canto de las Miróforas", es decir, ofrecer elementos sonoros y visuales para atrevernos a pensar desde la esperanza; quiero compartir ahora con ustedes una de esas obras que en lo particular me "tocan" mucho. Se trata de uno de los temas de la banda sonora de "Mar Adentro". Una película que cuenta la historia de Ramón Sampedro, un tetrapléjico que quiere suicidarse. La pieza fue compuesta por Alejandro Amenábar, quien a su vez fue el director y productor de la película. El poema que van a escuchar, cuya letra les ofrezco abajo, y que ha sido "hilvanado" sobre esta composición maravillosa, no es menos que fantástico; es de la autoría de Ramón Sampedro, el protogonista de la historia. Espero lo disfruten como yo. (para escucharlo presiona PLAY) Mar adentro, mar adentro, y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sueños, se juntan dos voluntades para cumplir un deseo. Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno, y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo; es como penetrar al centro del universo: El abrazo más pueril, y el más puro de los besos, hasta vernos reducidos en un único deseo: Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo, sin palabras: más adentro, más adentro, hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos. Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.
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Ache James Carrington Isn't it strange? The way things can change Life that you lead turned on its head Suddenly someone means more than you felt before House in its yard turns into hope I'm sorry but I meant to say Many things are on the way This one's for you Have I told you I ache? Have I told you I ache? Have I told you I ache For you? Have I told you I ache? Have I told you I ache? Have I told you I ache For you? The time that it took Riding wiles for my book Seems to have broken in half The gate that I shut Last time I got hurt Seems to have opened So All the world has been uknown It's trying to catch me up Tell me to appreciate here and now I'm sorry but I meant to say Many things are on the way This one's for you Have I told you I ache? Have I told you I ache? Have I told you I ache For you? Have I told you I ache? Have I told you I ache? Have I told you I ache For you? AHORA SU TRADUCCIÓN Ache James Carrington ¿No es extraña la forma que pueden cambiar las cosas? La vida que uno lleva da la vuelta sobre la cabeza, súbitamente alguien significa más de lo que he sentido antes, su casa y patio se transforman en mi hogar Estoy apesumbrado por las todas cosas que quise decir a lo largo del camino; asi que esta va para tí ¿Te he dicho del dolor que tengo? ¿Te he dicho del dolor que tengo? ¿Te he dicho del dolor que tengo por tí? ¿Te he dicho del dolor que tengo? y espero que no sea demasiado tarde ¿Te he dicho del dolor que tengo por tí? Parece haberse roto por la mitad la puerta que una vez cerré, pues la ultima vez que la abrí consiguió hacerme daño El mundo gira y trata de atraparme y decirme que aprecie el aquí y ahora
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Está en italiano, pero su letra en español no es menos hermosa. ¿Cuándo dejaremos de exigir tanto y simplemente agradeceremos por la belleza con la que somos bendecidos cada día? DOLCE SENTIRE «Qué gran dulzura ver como renace humildemente el amor en mí. Qué gran dulzura ver que no estoy solo, que formo parte de una inmensa vida que resplandece a mi alrededor, regalo suyo, de su inmenso amor… Nos da el cielo, las claras estrellas, el Sol hermano y la hermana Luna, la madre Tierra con frutos, prados, flores, el fuego, el viento, aire y agua pura, fuente de vida de sus criaturas. Regalo suyo, de su inmenso amor. Regalo suyo, de su inmenso amor. «Somos una extraña estirpe -pensaba el Hermano-. Somos casados sin mujer, estamos ebrios sin vino, hartos con el hambre y ricos con la pobreza. Somos los hombres más libres del mundo porque somos los más pobres -decía en alta voz-. No nos falta nada. ¡Es el paraíso!» (Ignacio Larrañaga, "El hermano de Asis")
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Se los he compartido muchas veces: soy un fanático del arte y de la música católica. Pero, en todos los años que llevo escuchando y acercándome a la riqueza de la música católica, no había encontrado algo como “Receive the Power” (Recibe la fuerza, el poder) una espectacular composición de Guy Sebastián y Gary Pinto, y que hoy es el Himno de XXIII Jornada Mundial de la Juventud en Sydney. No les diré mucho sobre esta canción, basta con decir que sus arreglos, el video, las voces, la armonía… todo, absolutamente todo, es de otro nivel. SI QUIERES VER EL VIDEO, ENTRA A WWW.TROVADOR.COM Y DEL LADO DERECHO EN LA PARTE INFERIOR, EN “VIDEOS CATÓLICOS” ENCONTRARÁS DOS VERSIONES. LA PRIMERA, ES EL VIDEO DE LA VERSIÓN INTERNACIONAL DEL HIMNO, CANTADO EN ITALIANO, ESPAÑOL, INGLÉS Y FRANCÉS (Esa versión será la que escucharás ahora) y la segunda, es la versión Inglesa, que también es espectacular. DISFRÚTALO
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Les he hablado de ellas desde que este poscasts inició, ahora se las presento. la imagen que ven arriba es un fragmento del famoso icono de las miroforas.
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VISTE QUE SÍ TE SORPRENDIÓ? BUENO, PERO MEJOR DEJO QUE ELLOS MISMOS TE CUENTEN: En el año 1996, surge como una iniciativa de los hermanos Carlos y Jorge Montes y su primo Pedro Quiles lo que después de la llegada de Ángel López se convertiría en el grupo Son by Four. En su segundo Álbum, alcanzaron el éxito internacional cuando la canción " A Puro Dolor " se coloca en el primer lugar de las listas de popularidad en el mundo hispano, mientras su versión en ingles recorre Europa, especialmente España, Holanda, Suiza, Alemania y llegando a través de las ondas radiales a lugares tan distantes como Tailandia, Singapur y Japón. Pero con el éxito y fama del mundo, llegaron también los problemas. Todos nuestros sueños se hicieron realidad, pero en vez de felicidad, gozo y satisfacción, tantos premios y galardones habían traído consigo envidias, celos, avaricia y soberbia; terminando todo con una disputa en los tribunales por los derechos de la marca Son by Four y la salida de Ángel López del grupo. La Gloria del mundo no pudo llenar el vacío de nuestras vidas. Mientras luchábamos en vano por recobrar lo perdido, nos dimos cuenta poco a poco que no luchábamos contra fuerzas humanas. El Rey del Universo había puesto su mirada en tres muchachos del campo, inexpertos e indignos. Él tenía un plan mucho más importante para nosotros. Jesús hace su entrada triunfal en nuestras vidas, pero con Él venía también su muerte; muerte a la vanidad, al reconocimiento, a la vanagloria y a la fama que da el mundo, pero más importante aún, traía su resurrección a nuestras vidas. Aquella promesa, aquél Bautismo que una vez nos hizo parte del Pueblo de Dios, había reclamado lo que le pertenecía a Cristo desde antes de la Creación. Hoy, Son by Four pertenece sólo a Cristo y a su Iglesia y desde su parroquia en Ciales, Puerto Rico, somos enviados al mundo con un testimonio sencillo, sin armaduras, pero con aquella Piedra que sigue derribando gigantes: Jesucristo nuestro Señor. Recuerden que uno es el Bautismo, uno es el Cuerpo y uno sólo el Pan de Vida. Reciban la gracia y la paz que vienen de nuestro Padre, nuestro Señor Jesucristo y del Espíritu que nos santifica por siempre, Amen. Con Amor, Son by Four. Jueves,16 de febrero de 2006. ¡VAMOS A ANIMARLOS! A APOYAR ESTE «SÍ» QUE ELLOS HAN DADO AL SEÑOR. NO ES FÁCIL SER ARTISTA CATÓLICO, Y MENOS PARA ELLOS QUE VIENEN DE LO SECULAR. SON CHICOS DE PARROQUIA NORMALES, DE HECHO, ANTES DE QUE NACIERA SON BY FOUR, VENÍAN DE RAÍCES CATÓLICAS. ¿POR QUÉ NO TRAERLOS, LLEVARLOS A NUESTRAS PARROQUIAS, DIÓCESIS Y REALIDADES ECLESIALES, COMO LO ESTÁN HACIENDO EN ESTADOS UNIDOS Y CENTRO AMÉRICA? PARA QUE TENGAS UNA IDEA DE COMO SUENA AHORA SON BY FOUR AHORA, TE INVITO A QUE ESCUCHES "TE MIRA", UN TEMA DE "RENACE" UNO DE SUS TRABAJOS DISCOGRÁFICOS DEL AÑO PASADO. ACTUALMENTE ESTOS CHICOS ESTÁN ESTRENANDO "AQUÍ ESTÁ EL CORDERO" SU MÁS RECIENTE TRABAJO DISCOGRÁFICO. EN EL ENLACE DE ABAJO, TE PUEDES CONTACTAR CON ELLOS. VISITA SU PÁGINA: www.myspace.com/sonbyfourmusic
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“Había un hombre que tenía cuatro hijos. Como parte de su educación él quería que ellos aprendieran a no juzgar a las personas y las cosas con la ligereza con la que solían hacerlo. Entonces, decidió enviar a cada uno de ellos, por turnos, a ver un árbol de manzano que estaba sembrado bastante lejos de su casa. En su país había estaciones, así que al primer hijo lo envió en invierno; al segundo, en primavera; al tercero, en verano, y al cuarto en otoño. Cuando todos habían ido y regresado, el padre los llamó y les pidió que describieran lo que habían visto. El primer hijo dijo que el árbol era horrible, lucía sin hojas y estaba retorcido, le pareció seco y sin vida. El segundo sostuvo que no era así, que el árbol estaba cubierto de brotes verdes y lleno de retoños que prometían nuevas ramas y flores. El tercer hijo no estuvo de acuerdo con ninguno de los dos, y dijo que el árbol estaba cargado de flores que emanaban un aroma muy dulce y que era el árbol más hermoso que jamás había visto. Pero, el último de los hijos, dijo que el árbol era diferente a como lo habían descrito sus hermanos, estaba cargado de manzanas maduras, completamente lleno de vida y bienestar. Entonces el padre les explicó que todos tenían razón, porque ellos sólo habían visto parcialmente la vida del árbol. Y añadió que por eso no se podía juzgar a una persona, si tan sólo se le había conocido en una de sus estaciones.” Es sorprendente observar la ligereza con que a veces juzgamos a los demás, sin darnos cuenta de que con nuestros comentarios, actitudes y comportamiento, podemos llegar a ofender, lastimar y aniquilar nuestras relaciones con los demás. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, esos comentarios negativos, que se hacen sin ninguna responsabilidad, hablando por hablar, terminan afectando y dañando la imagen, la dignidad y hasta la estabilidad de las personas. Si estuviéramos conscientes de las consecuencias de lo que decimos en el momento en que nos dejamos llevar por la emoción, seguramente pensaríamos antes de hacerlo y verificaríamos la veracidad de la información que supuestamente tenemos. Un primer contacto no necesariamente nos muestra quién es realmente esa persona. Recordemos que, muchas veces, nosotros mismos nos escondemos detrás de diferentes máscaras para proteger nuestra privacidad o debilidades, reservándonos para el momento cuando, habiendo comprobado la autenticidad de quienes acabamos de conocer, podamos mostrarnos tal cual somos. Cuando juzgamos desde afuera el comportamiento de otros, cerramos nuestro corazón y olvidamos ponernos en su lugar para saber qué sienten, qué piensan, pues sólo así podremos comprender mejor sus actitudes.
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ESTE HERMOSO CUENTO, DE RICARDO BASSO E ILUSTRADO POR ANTONIO SANDRO, RECOGE DE UN MODO EXTRAORDINARIO LA EXPERIENCIA DE MILLONES DE PERSONAS EN EL MUNDO; QUE, AL IGUAL QUE LUCAS -EL PROTAGONISTA DE ESTA HISTORIA - HAN TOMADO EN ALGÚN MOMENTO DE SUS VIDAS, UNA DECISÓN EQUIVOCADA. USTEDES SABEN, BUENO, AL MENOS LOS QUE VIENEN CON FRECUENCIA A ESTE HUMILDE RINCÓN DE LAS MIRÓFORAS, QUE AQUÍ SÓLO SUBO MATERIAL QUE REALMENTE SIRVA PARA LA VIDA. POR ESO, ADEMÁS DE ESTE MARAVILLOSO CUENTO, TE INVITO A ESCUCHAR UNA CANCIÓN IGUALMENTE INCREIBLE. TE INVITO A QUE LA ESCUCHES SÓLO DESPUÉS DE HABER LEÍDO LA HISTORIA. UN ABRAZO A TODOS. EL HERMANO LLAVERO En las frías noches de invierno, junto al agradable fuego de las hogueras, aún hoy, en rincones de la Vieja Europa, los abuelos cuentan a sus nietos esta legendaria historia... Hace mucho tiempo vivía en una simpática aldea un niño llamado Lucas. Soñaba todos los días con vivir como un monje en el antiguo e imponente monasterio que se erguía en lo alto de la colina, fuera de los muros de la ciudad. Los años pasaron hasta que, un día, Lucas, vio realizarse su sueño. Fue recibido como novicio. Profundamente devoto de Nuestro Señor Jesucristo, mostró gran piedad en su vida religiosa. Con mucha frecuencia lo veían de rodillas en la capilla, en fervorosa oración, ofreciendo a Dios con alegría, por intermedio de la Santísima Virgen, su radiante juventud. El abad y todos los monjes del monasterio tenían por él una gran admiración, tales eran su bondad y diligencia, y lo nombraron para el cargo de “hermano llavero”, función que él pasó a desempeñar con gran celo. Todas las noches era el último en acostarse: no podía dormir sin antes cerrar todas las puertas; y por la mañana, era el primero en levantarse: tenía que dejar todo listo para cuando el abad y sus hermanos de hábito despertasen para un día más de oración y trabajo. Un día, estando Lucas en meditación en el claustro junto al muro del monasterio, oyó a alguien, llamarlo desde afuera: — ¡Lucas! ¡Lucas! Sorprendido, se aproximó a donde escuchara la voz, y viendo una figura oscura, preguntó: — ¿Quién es Ud.? — ¿Lucas, no me reconoces? Soy Walfrido, tu amigo. ¿No te acuerdas de mí? Lucas reconoció en aquel hombre a un antiguo colega que había estudiado con él en la escuela de la aldea, cuando aún eran niños. Entre los dos se entabló una conversación, en la que recordaron aventuras pasadas, y Walfrido intentó convencerlo de abandonar la santa vida que llevaba, huyendo del monasterio. Al principio Lucas resistió con firmeza, argumentando contra esa idea. Pero lentamente fue sintiendo añoranzas de las “libertades” de otrora y fue cediendo a los embates de aquella fuerte tentación. Después de un largo diálogo, acabó oyendo la voz del mal consejero y, aquella misma noche, en cuanto todos en el monasterio dormían, cogió sus pocas ropas y se preparó para huir. Entretanto, antes de realizar la terrible apostasía, se arrodilló delante de una bella imagen de Nuestro Señor, que ocupaba un lugar de honra junto a la puerta principal del monasterio y le dijo: — Soberano Señor, yo que te serví honestamente hasta hoy, día en que no puedo contener esta fuerza que me arrastra lejos de ti, te encomiendo las llaves de este monasterio. Y depositándolas sobre las manos de la imagen del Divino Redentor, partió. Transcurrió poco tiempo y, no sólo Walfrido, sino también otros falsos amigos que Lucas reencontró, lo abandonaron por completo. Su espíritu cayó en gran confusión, y le faltaba el coraje para volver al convento. ¡Se convirtió en un errante, llevando una vida impía y vergonzosa durante quince años! Él, que cuando era buen monje, hacía vigilias nocturnas delante del Santísimo Sacramento, ahora pasaba las noches en malos lugares, esclavo de sus vicios. Torturado por los remordimientos, y conservando aún una vaga esperanza de perdón, pasó un día cerca del monasterio en el que había vivido y sintió el deseo de preguntar a algún monje por el “hermano llavero” que había huido, pues quería saber que era lo que se comentaba a su respecto. Con el fin de no ser reconocido, se cubrió con su manto de modo que no le viesen todo el rostro. Se dirigió al portero de su antigua casa religiosa y preguntó: -Decidme, hermano, ¿qué me cuentas de Lucas, el monje llavero? -Va muy bien -respondió el viejo monje- tan santo y devoto como siempre, desempeñando maravillosamente su oficio de hermano llavero. Todos los religiosos lo queremos mucho. Ya cumple veintiséis años en el convento, demostrando siempre gran piedad. Seguramente quieres hablar con él. Espera aquí que voy a llamarlo. Lucas quedó estupefacto. No podía comprender lo que acababa de oír. Permaneció inmóvil, esperando el momento del encuentro con el tal hermano llavero cuando vio, a lo lejos, viniendo en su dirección, un monje trayendo aquellas mismas llaves que hace quince años él, Lucas, había dejado en la imagen del Salvador. No podía creer lo que sus ojos veían: el monje tenía la fisonomía del propio Cristo, el cual, aproximándose, le dijo: -Lucas, hijo mío, durante quince años, con tu fisonomía, Yo desempeño el oficio de monje llavero y, por tanto, los demás monjes al mirarme, piensan que eres tú. Vuelve y continúa sirviéndome como si nunca hubieses huido, pues no conocen nada de tus errores, y creen que continúas con tu función. Haced penitencia para alcanzar el perdón de tus numerosas faltas y no vuelvas a pecar. Habiendo dicho esto, lanzó una última mirada de misericordia a aquel hijo pródigo y desapareció. Lucas, profundamente arrepentido y maravillado por ese grandioso milagro, cogió las llaves, vistió nuevamente su hábito religioso y retomó el oficio de hermano llavero, que ejerció hasta el día de su santa muerte.
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La Primera vez que escuché este tema fue por allá en el año 1995; en ese entonces la canción me pareció preciosa, pero no sabía nada más de ella. Detrás de esta hermosa canción hay toda una historia, no sólo tierna, también muy humana. Espero les guste. Antes de escucharla les presento un fragmento de un artículo escrito por Morella Palma, de Venezuela. ADRIAN GUACARAN EL NIÑO QUE LE CANTO AL PAPA por: Morella Palma Qué grato es traer al recuerdo aquel inolvidable 29 de Enero de 1985, día en que un pequeñín de solo 11 años de edad, nos hizo erizar el cuerpo, y a muchos arrancarnos del alma lágrimas de emoción, cuando con tanta candidez y seguridad, interpretó a su Santidad Juan Pablo II, en nuestra hermosa Patria, el tema “El Peregrino”. ¿Quién de nosotros no recuerda ese día y aquella canción? ¿Quién no recuerda aquella carita angelical cantándole al Papa? Y aunque fue hace 20 años, para muchos de nosotros es como si el tiempo no hubiese pasado. Adrián, los que te tenemos en el corazón, te admiramos y aún seguimos disfrutando de esa espectacular voz cantora que aún conservas; te vemos igual, es como si el tiempo no hubiese transcurrido. Te conocimos como El Niño que le Cantó al Papa, y a pesar de los años aún te recordamos como eso, como El Niño.
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Soy un convencido del poder del arte. Por eso siempre he pensado que se logra mucho, mucho más a través de ella, que con los discursos vacíos y los conceptos áridos. Jesús lo sabía; y por eso, cuando hago una relectura –muy personal por cierto- de lo que fue el ministerio público de Jesús, siempre llego a la misma conclusión: pienso que existe una "faceta" de Jesús en la que poco o casi nada nos hemos detenido: Jesús era un artista, en su boca lo divino se hacia arte y el arte se trocaba en parábolas: la viña, el rebaño, la masa, la luz, la sal... todo en su predicación era luz, color y gracia. De hecho, su misma persona –con el misterio de la Encarnación-se introdujo en una “dinámica estética salvífica”, es decir Dios se hizo belleza humana, estéticamente palpable, para que por esta belleza –humana y divina- fuese salvado todo el género humano. De esto se desprende una consecuencia bastante seria para la Iglesia, «Cuerpo bello de Cristo», toda ella está llamada a transmitir está belleza de Cristo al mundo; un mundo deformado por el pecado y por el mal en sus múltiples manifestaciones: la corrupción, la violencia, la guerra… Precisamente, ahora que mencionamos esto, no podemos negar que en el tiempo en que vivimos, será el arte de lo bello lo que salvará al mundo. Casi como una profecía, Dostoievski ya lo había anunciado en su libro "El idiota": “La belleza salvará la mundo… y la belleza es Cristo”. Como nunca antes, en esta hora del laicado, los cristianos de este nuevo milenio, hemos recibido la misión de llevar esta belleza, que es la belleza del Rostro del «Cristo Total», la Iglesia, a todos los hombres. Ya es hora de que en los "carteles" de nuestros proyectos pastorales, acciones evangelizadoras, comunidades y realidades eclesiales, el mensaje siempre antiguo y siempre nuevo del amor de Dios, se exprese de un modo más actual, más acorde al tiempo y al mundo de hoy. ¿Carteles? Está parábola te lo aclarará: Dicen que una vez, había un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un cartel en el que, escrito con tiza blanca, decía: "POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO". Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio la vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue. Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Ahora su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconociendo sus pasos le preguntó si había sido él quien re-escribió su cartel y sobre todo, qué que era lo que había escrito allí. El publicista le contestó: -"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras". Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: "ESTAMOS EN PRIMAVERA, Y... YO NO PUEDO VERLA" Moraleja Cambiemos de estrategia cuando algo no nos sale, y verás que puede que resulte mejor de esa manera. Ya te imaginarás lo que nos toca como Iglesia. Para terminar quiero ofrecerles una espectacular composición, “Light of the World”, (Luz del Mundo) de Robert Lebel, sacerdote canadiense. Este tema fue el himno de la XVII Jornada Mundial de la Juventud, en Toronto, Canadá, en el año 2002. La versión que escucharán está en español, y en realidad es una canción muy especial. Justamente, en una de sus estrofas, se nos invita a ser -para el mundo- el “Rostro del Amor”, reflejo de la belleza de Cristo, «Luz del Mundo». Como todos saben, todos los “Domingos de Ramos” se celebra –en toda la Iglesia- la Jornada Mundial de la Juventud, y cada tres años una jornada especial en distintos países, la más reciente de este tipo fue la de Colonia. Por eso quiero invitarlos a escuchar los himnos de las jornadas mundiales pasadas; todos son absolutamente espectaculares, y sólo los podrán escuchar aquí -todos juntos- en “Miróforas”. LIGHT OF THE WORLD “Luz del mundo” (versión en español) Traducción: Jesús García Adaptación de la letra: Marta Cesteros Yagüe Intérpretes: Juan de Dios Fdez.-Caballero Heredia Marta Cesteros Yagüe José Luis Vicente Illera Susana de Torres González Laura de Pinto Briceño Aquél a quien hemos podido ver Aquél que nuestras manos han podido sentir Aquél a quien pudimos escuchar El que reconocimos en nuestro corazón, aquí está; os lo anunciamos hoy. Resplandece con su luz, es del mundo el Salvador. Hay tantos entre tanta oscuridad y tantos en el mundo que duermen sin cesar. Hagámosles, hermanos, despertar, salir de su dolor, brindarles amistad y juntos enfrentar el temporal, seamos en la noche pregoneros de la luz LA LUZ EN EL MUNDO SAL DE LA TIERRA SEAMOS PARA EL MUNDO EL ROSTRO DEL AMOR LA LUZ EN EL MUNDO CRISTO ES LA LUZ SEREMOS SU REFLEJO Y POR SIEMPRE BRILLAREMOS CON SU LUZ Hay tantos que se pierden al buscar sentido de vivir, razones para amar. Si los pudiéramos acompañar, compartir su dolor, presentarles a Jesús, quizás ellos pudiesen comprender que es en el partir del pan que podemos renacer. LA LUZ EN EL MUNDO... No servirá la sal sin su sabor y no iluminará, escondida, la luz. La Gracia llene nuestro corazón y el Espíritu de Dios nos inunde con su Don. Que nuestra vida alumbre con la luz, La justicia y el amor De nuestro Señor Jesús. "El reto fue grande, pero confié en el Espíritu Santo, pidiendo y esperando la gracia de la inspiración." (Padre Robert Lebel, compositor)
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Autor: Bernardino Piñera Carvallo Tomás es un chico de siete años que vive con su mamá, una pobre costurera, en su solo cuarto, en una pequeña ciudad del norte de Escocia. La víspera de Navidad, en su cama, el chico espera, ansioso, la venida de Papá Noel. Según la costumbre de su país, ha colocado en la chimenea una gran media de lana, esperando encontrarla, a la mañana siguiente, llena de regalos. Pero su mamá sabe que no habrá regalos de Navidad para Tomás por su falta de dinero. Para evitar su desilusión, le explica que hay bienes visibles, que se compran con dinero, y bienes invisibles, que no se compran, ni se venden, ni se ven, pero que lo hacen a uno muy feliz: como el cariño de la mamá, por ejemplo. Al día siguiente, Tomás despierta, corre a la chimenea y ve su media vacía. La recoge con emoción y alegría y se la muestra su mamá: "¡Está llena de bienes invisibles!", le dice, y se le ve feliz. Por la tarde va Tomás al salón parroquial donde se reúnen los chicos, cada cual mostrando orgulloso su regalo. "¿Y a ti, Tomás, qué te ha traído Papá Noel?", le preguntan. Tomás muestra feliz su media vacía: "¡A mí me ha traído bienes invisibles!", contesta. Los chicos se ríen de él. Entre ellos Federico un niño consentido quien tiene el mejor regalo pero no es feliz. Por envidia sus compañeros le hacen burla porque su lindo auto a pedal no tiene marcha atrás, y enfurecido destruye el valioso juguete. El papá de Federico se aflige, y se pregunta como podría darle gusto a su hijo. En eso ve a Tomás sentado en un rincón, feliz con su media vacía. Le pregunta: "¿Que te ha traído Papá Noel?" "A mí bienes invisibles", contesta Tomás ante la sorpresa del papá de Federico, y le explica que no se ven, ni se compran, ni se venden, como el cariño de una mamá. El papá de Federico comprendió. Los muchos regalos visibles y vistosos no habían logrado la felicidad de su hijo. Tomás había descubierto, gracias a su mamá, el camino a la felicidad. ADESTE FIDELES Te invito a que escuches ahora uno de los más hermosos villancicos: Adeste Fideles laeti triumphantes Venite, venite in Betlehem Natum videte Regem angelorum Venite adoremus, Venite adoremus Venite adoremus Dominum Et nos ovanti, gradu festinemus Venite adoremus, Venite adoremus Venite adoremus Dominum Engrege relicto humiles adcumas Vocati pastores in properant Natum videte Regem angelorum Venite adoremus, Venite adoremus Venite adoremus Dominum Et nos ovanti, gradu festinemus Venite adoremus, Venite adoremus Venite adoremus Dominum EN ESPAÑOL: Venid, venid fieles ha nacido el Niño Jesús, nuestro Salvador, venid a Belén. El Rey del Cielo ha venido al mundo. Venid a contemplarle venid y adoradle, venid y adoradle es nuestro Señor. Venid a contemplarle venid y adoradle, venid y adoradle es nuestro Señor.
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El arte es genial. No importa si se trata de la pintura, la literatura, la plástica o la música, siempre es elocuente, siempre es profunda. Continuamente nos está alimentando y, al mismo tiempo, nos enseña a entender la compleja condición humana: sus emociones, sus deseos, sus debilidades e instintos pero, sobe todo, su profundo vacío existencial; eso que desde la espiritualidad definimos como «sed de Dios». Lo que se esculpe en la piedra o se pinta en lienzo, lo que se plasma en la danza o se moldea en la arcilla nos habla de aquello que subsiste allí –debajo de la piel- en lo íntimo del corazón humano. Sin pretender ahondar en cuestiones eminentemente teológicas o antropológicas, creo que muy pocas cosas puede hacer el hombre -que lo asemejen con tanta perfección a Dios- como el arte, esa capacidad de suscitar la belleza a partir del caos amorfo de la arcilla, el lienzo, el vacío, el silencio… En efecto, cuando el artista crea, se asemeja a su Creador, pues de Él recibió este maravilloso don de hacer arte. Es por eso que me encanta el arte. No se trata de contemplar objetos o creaciones sin vida, sino de descubrir la enorme carga conceptual que existe detrás de cada manifestación artística. En cada obra de arte habita el corazón y los sentimientos del artista, de modo que esa manifestación material se convierte en una especie de lámpara que nos permite ver lo que guarda el artista entre las “sombras” de lo inmaterial, de lo intangible. ¿Y QUÉ TIENE QUE VER TODO ESTO CON… la espiritualidad de la que siempre estamos hablando en esta serie de artículos de “Orando en la Urbe? Créanme que mucho, de hecho, mucho más de lo que podría imaginarse. Dios es el artista por excelencia, origen de toda belleza, más aún, Él es la Belleza misma. Contemplando su creación, hechura de sus dedos, descubrimos su amor providente. Contemplar el arte es, en cierto modo, abrir los sentidos a la manifestación tangible del amor de Dios. Y aunque es obvio que esto se refiere principalmente al arte sacro, ese tipo de arte que se crea para transmitir el kerigma, el anuncio de Jesucristo a la luz de su cruz y resurrección, el arte secular –para algunos profano- también puede hablarnos de Dios. ¿SÓLO GRITOS? ¿Leyó detenidamente el título? Si lo hizo, ha podido darse cuenta de que el tema en esta ocasión no es el arte. De lo que hoy hablaré es del amor; de ese amor que puede cambiar radicalmente la existencia del ser humano. Obviamente hablo del amor de Dios. Un amor que se ha hecho carne en la persona de Cristo; un amor que se ha hecho comida, camino y vida para quienes creen verdaderamente en Él. Sin embargo, he iniciado este artículo hablando del arte, y me he permitido hacerlo porque quiero aprovechar esa elocuencia que ella posee, esa de la que tanto he hablado, para que desde lo humano podamos tener una idea aproximada de un misterio inefable como lo es el amor de Dios. Y la idea no es tan descabellada, de hecho tampoco es muy original, el mismo Jesús, cuando quiso ensañarle a sus discípulos las reales dimensiones del amor divino, utilizó la pálida imagen de la paternidad humana: “…Si ustedes siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuanto más el Padre que está en los cielos…” En esta oportunidad lo haré desde la ópera. Sí, tal como lo acaba de leer, la ópera. Y créame que no tiene nada que ver con gritos. La ópera es una de las más espectaculares manifestaciones del arte. Y como es al amor de Dios el tema principal, será una ópera de Giacomo Puccini, Turandot, la que nos brindará hoy la posibilidad de contemplar el poder –casi atómico- del amor. De este modo, luego de contemplar lo que el amor humano, pálido reflejo del amor divino, puede suscitar en la vida de un hombre o una mujer, podamos hacernos una idea del amor infinito con el que hemos sido amados desde siempre y para siempre. TURANDOT, EL AMOR QUE TRANSFIGURA LA VIDA Turandot es la historia de una princesa china que por decreto imperial es obligada a casarse. A lo que ella finalmente accede –luego de muchas resistencias- con una condición: se casaría únicamente con el hombre que fuera capaz de resolver tres acertijos que ella misma formularía; en el caso de que el hombre que la pretendiera fuera incapaz de resolver los acertijos, su destino sería la muerte; y como era de esperarse, los enigmas de la princesa Turandot eran prácticamente imposibles de resolver. Sin embargo, la dicha le duraría muy poco, un príncipe de Persa llamado Calaf, resolvería por fin sus acertijos, y ella se vería obligada a casarse. Pero a Calaf no le gusta la idea de un matrimonio sin amor, razón por la que empieza a enamorar a la princesa. Es así como, poco a poco, con la paciencia que sólo posee aquel que verdaderamente ama, Calaf logra que el frío corazón de Turandot, herido por un trágico acontecimiento de su infancia, se abra a un amor capaz de devolverle la vida y la esperanza que el odio le había arrebatado. Esto tiene mucho, quizá demasiado, que ver con nosotros. Si pudiera definir en tres palabras lo que ha sido la historia de salvación, sólo diría que ha sido una “Historia de Amor”. El amor entre un Dios que se presenta como “El Amado” que busca afanosamente el amor de “Su Amada”. Una amada que se resiste por las heridas de su historia pero que, al final, se rinde al amor de aquel que le ama por encima de su pecado y fragilidad. Pero hay mucho más en esta ópera de Puccini, muchos más elementos que nos ayudan a descubrir con qué amor se nos ha amado…
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Desde el 24 de junio de 1981, en un pequeño pueblo de la ex-Yugoslavia (actualmente pertenece al estado independiente de Bosnia-Herzegovina) llamado Medjugorje, una sencilla villa rural ubicada dentro de las montañas, la Santísima Virgen Maria se ha estado apareciendo a seis jóvenes lugareños y dejando mensajes a toda la humanidad. Ella nos dice que Dios la ha enviado a nuestro mundo, y que estos años que pasa entre nosotros son un tiempo de Gracia regalado por el Señor. En sus propias palabras, Ella nos dice:"He venido a decirle al mundo que Dios existe. El es la plenitud de vida, y para disfrutar esta plenitud y paz, ustedes deben volver a Dios..." La misión de Nuestra Señora es de paz y amor. Paz, paz y solo paz! Debe reinar la paz entre el hombre y Dios y entre los hombres. ¡Conviértanse! ¡Regresen a Dios! Mi llamado a la conversión es urgente. Soy la Reina de la Paz y vengo a llevarlos a Jesús. Abandónense totalmente a El y no teman nada. Dejen que Yo los guíe hasta Dios. Oren y ayunen por la paz del mundo, por la paz en sus corazones, en sus familias, en su tierra. No dejen de orar. Oro con ustedes y por ustedes, pero necesito sus oraciones. Oren con el corazón. Por eso perdonen, reconcíliense. Toda oración que viene del corazón es agradable a Dios. En la oración esta la salvación. Oren hasta que la oración se vuelva alegría. Recen el Rosario, cada día, solos, en grupos, en familia. Dios le ha dado poder al Rosario. No hay situaciones por difíciles que parezcan que no se resuelvan con la oración. ¡Arrepiéntanse! Confiesen al sacerdote todos sus pecados. Hagan una confesión al menos una vez al mes. Asistan y vivan la Misa. Allí Jesús se da en sacrificio de amor por ustedes. Allí esta su Pasión y Resurrección. El es Dios y es el camino al Padre. Ábranle sus corazones. Confíen en El. Adoren a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Pidan todos los días los dones del Espíritu Santo. Lean la Biblia. Lean San Mateo, cap. 6 vers. 24 al 34. ¡Oren, oren, oren! ¡Gracias por responder a mi llamado!...
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Para aquellos que ya no creen, para aquellos que han perdido la esperanza... Vallejo-Nágera recoge en su último libro el testimonio «absolutamente real» de un converso. De terrible criminal a místico benedictino. De drogadicto cruel a testigo del Evangelio. De esclavo de Satanás a siervo de Cristo. Éste es el retrato a grandes rasgos de Albert Wensbourgh, un inglés cuya vida parece una película de ficción, pero que es tan auténtica como todos los expedientes médicos que acreditan su cordura. La escritora María Vallejo-Nágera recoge en su último libro, «Un mensajero en la noche» (Editorial Belacqua) el testimonio asombroso de este místico del siglo XXI y describe, bajo el seudónimo de «Clara», punto por punto las entrevistas que mantuvieron. José A. Méndez - Madrid.- «He asaltado a mano armada, he engañado, estafado, robado en casas privadas, almacenes y grandes fábricas. También he robado coches...». Por todos estos delitos, Albert Michael Wensbourgh fue condenado a 25 años en las peores prisiones de Inglaterra. Una vida marcada por la delincuencia, la droga, el alcohol, la violencia, la pornografía, los abusos sexuales que sufrió en su infancia y una familia rota en mil pedazos. Una vida de odio y sufrimiento. Sin embargo, en la madrugada del 1 de enero de 1997, Albert Wensbourgh experimentó una vivencia increíble pero auténtica, según demuestran los informes médicos que certifican que no sólo no mentía, sino que era inteligente, cuerdo y equilibrado. Una experiencia mística que le hizo volver sus ojos a Dios y convertirse en monje benedictino dedicado por entero a una misión santa. Este relato, propio de cualquier película de ciencia ficción aunque totalmente real, es el que recoge el último libro de María Vallejo-Nágera, «Un mensajero en la noche», publicado recientemente por la editorial Belacqua. Una obra escalo- friante por su veracidad, capaz de remover la conciencia del lector más frío e insensible. El texto intercala el estilo literario de la novela con la agilidad de la entrevista, y destapa, poco a poco, los secretos de una vida apasionante. EL OLOR DEL INFIERNO Violado repetidas veces en su juventud, Albert Wensbourgh pronto se convirtió en un asiduo del crimen y de la extorsión. Marihuana, crack, alcohol, pornografía... cualquier tipo de vicio era válido si con eso podía afrontar la crueldad de su vida. Las visitas a los juzgados se sucedían, aunque no con la misma frecuencia que los delitos. Un intento de robo con arma de fuego y rehenes incluidos fue la puntilla de su carrera criminal y el que movió a un juez inflexible e inmisericorde ¬y, a todas luces, justo¬ a condenarle a 25 años de prisión. De la sentencia sólo cumpliría 14, aunque en las cárceles más temidas de Inglaterra, encerrado junto a violadores, maníacos sexuales y asesinos, entre el «pestilente y familiar olor a cañería podrida y a heces mal recogidas, a esperma seco en las paredes y a alimañas putrefactas. El olor del infierno». Las prisiones de Durham, Everthorpe o la celda número ocho del ala C de Wakefield, una cárcel altamente peligrosa, fueron su hogar durante más de una década, y en ellas se granjeó el respeto de los presos, primero infligiendo miedo y después sirviéndoles de consuelo y consejero espiritual. Tal y como señala el libro, la noche del 1 de enero de 1997 vivió una experiencia que cambiaría su vida de forma radical y sorprendente. Albert Michael Wensbourgh fue visitado por «un ángel real». No una confusión fruto de las drogas ni una enajenación mental. Así consta en todos los informes clínicos que voluntariamente solicitó y que acreditan una total lucidez y sinceridad. «Me di cuenta de que algo sobrenatural y fuera de mi entendimiento estaba produciéndose ante mis propios ojos. Me atemoricé terriblemente y recuerdo que, en mi miedo, me levanté de un brinco y corrí a acurrucarme en una esquina de mi celda, intentando protegerme la cabeza con ambas manos». Era una luz tan potente como para despertar a los presos de las celdas contiguas, entre las que se dibujaba la presencia física de una figura humana. Albert asegura haberlo visto con una total nitidez, y sus descripciones resultan abrumadoramente precisas, muy lejos de tópicos. Eso sí, «no tenía alas. Yo no las percibí. Pero sí muchos rayos de luz que parecían salir disparados de su espalda». Su vida cambió totalmente, y tras reconocerse a sí mismo la veracidad de tal experiencia, emprendió un camino de santidad desde su condición de presidiario hasta convertirse en monje benedictino del monasterio inglés María, Reina de la Paz. En septiembre del año 2001, cuando las torres gemelas de Nueva York eran aún un amasijo de hierros, muerte y confusión, María Vallejo-Nágera tuvo la posibilidad de entrevistar a Albert y recoger sus conversaciones para escribir un artículo en el rotativo británico «Sunday Express». UN MÍSTICO DE CARNE Y HUESO En septiembre de 2003, Vallejo-Nágera publicó el relato completo en este libro lleno de sorpresas, un texto que ya va por la quinta edición. Su testimonio es un signo de esperanza para quienes lo creen todo perdido y supone un motivo de reflexión para los partidarios de la pena de muerte. Podrá convencer o no la veracidad de esta «aparición», pero es indudable que el enorme sentido religioso de sus páginas gira en torno a un hombre que se acostó siendo un criminal y amaneció convertido en místico. Después de muchas gestiones, problemas de publicación y cambios de editorial, María Vallejo-Nágera ha sacado a la luz el apasionante relato de un místico de hoy en día. Sin embargo, los escépticos encuentran un problema en el ejemplo de conversión real que supone el caso de Albert Wensbourgh. Para muchos, la riqueza de este libro está en que, a pesar de que cambie ciertos nombres para preservar la intimidad de los monjes, a diferencia de otros como «El Codigo da Vinci» o «Caballo de Troya», presenta una imagen de Dios basada en un hecho real, apoyada en una vida coherente y avalada por documentos científicos. La polémica está servida. «ME FIÉ DE ÉL PORQUE ORABA» Ante un testimonio como el que narra, la duda surge inevitablemente: ¿Es realmente cierto lo que contó Albert? La sombra de una alucinación o de una locura transitoria planea sobre cada página del libro, sin embargo, María Vallejo-Nágera, la autora del libro, que convivió con él durante casi un año, lo tiene muy claro: «Estudié todos los exámenes clínicos que él había solicitado de forma voluntaria. Albert temió haberse vuelto loco, pero absolutamente todos acreditan su cordura y su sinceridad. Además, el abad del monasterio, un hombre muy culto que hablaba 5 idiomas, era también psiquiatra. Al principio sentí incredulidad, incluso miedo, pero luego fue surgiendo una amistad muy fuerte. Me fie de él porque vi que oraba. Era un ser bondadoso, que trabajaba para la gente más pobre. Él se preocupó mucho de que su historia se conociese entre los estratos más bajos de la sociedad, especialmente entre los presos», confirma. “UN MENSAJERO EN LA NOCHE” La autora nos comparte su experiencia Dña. María Vallejo-Nágera Pedagoga y escritora Vitoria, 30 de septiembre de 2003 La verdad es que me apetece muchísimo estar hoy con ustedes, porque son la primera audiencia que tengo fuera de Madrid y quiero comprobar su reacción ante la presentación de mi novela. Desde luego, la presenté hace una semana escasa y desde ese día he sido bombardeada por todo tipo de periodismo: llamadas de la radio, de la prensa, etc. Por eso quiero saber ahora qué opinan ustedes al respecto. Y para empezar les cuento que Un mensajero en la noche es un caso real. Además de que soy una persona muy, muy creyente, soy católica, yo he vivido en Londres estos últimos ocho años, y en el año 1994, más concretamente, colaboré con la Iglesia en la guerra de Bosnia, trabajando en un campo de refugiados, por lo que tengo muchísimos amigos sacerdotes católicos de allí. El caso es que, un buen día, uno de esos sacerdotes llamó a mi residencia londinense y me preguntó si estaba trabajando en mi tercera novela, a lo que yo contesté que ciertamente no sabía qué me pasaba, que me sentaba delante del ordenador y no me funcionaba la cabeza (a pesar de la imaginación que suelo tener), que no lograba arrancar, en definitiva. Entonces, muy decidido, me dijo: "Tengo una historia para ti. Ayer conocí en un monasterio benedictino, en un pueblecito -cuyo nombre no puedo facilitarles porque el abad me pidió que lo guardara totalmente en el anonimato para que nadie moleste a los monjes-, a una persona muy famosa en los ambientes de Scotland Yard porque ha dado una guerra tremenda". Y, efectivamente, esta persona estaba muy perseguida por la ley. Había pertenecido a una banda de mafiosos, una familia inglesa al modo siciliano que, si bien a ustedes no les sonará de nada, desgraciadamente en Inglaterra han sido un gran problema. Pues bien, el protagonista de mi novela, al que he llamado Albert para proteger su intimidad y su anonimato, no era sino uno de los matones de esta banda. Desde luego, el personaje real del que les hablo y que he reflejado en Un mensajero en la noche fue un gran delincuente, un hombre muy agresivo y peligroso. Scotland Yard estuvo años y años buscándole, y cada vez que le cogían se salvaba por aquello de que, en el ámbito de la justicia, siempre hay grandes abogados que trabajan precisamente para los mafiosos, ya que éstos cuentan con ingentes sumas de dinero para pagarles. No obstante, un día, durante un atraco a mano armada en un gran banco al sur de Londres, la policía pudo atraparle (de hecho fue filmado por las cámaras) y le cayeron veinticinco años de cárcel. Y a pesar de que nuevamente un gran abogado apeló la sentencia, tan sólo consiguió rebajar la pena a catorce años de prisión. Así comenzó, entonces, su vida como recluso, tan problemática o más como la que tuvo en libertad. Y aquí comienza también el relato del protagonista del libro. Lo cierto es que daba muchísima guerra, como les comentaba al principio. Era traficante de tabaco, alcohol y, en fin, todo tipo de droga dentro de la cárcel, y aunque la policía era conocedora de sus trapicheos, era sumamente inteligente y escurridizo (no en vano, era líder de todas y cada una de las cárceles por las que pasó, que, si no me equivoco, fueron diez). Claro que no siempre se salía con la suya, y por tanto no es de extrañar que fueran muchas las veces en las que acababa en celdas de castigo dentro de la propia prisión. Dichas celdas suelen ser muy pequeñas, y si el resto tiene muebles muy precarios, éstas tan sólo cuentan con un pequeño camastro o letrina y unos ventanucos muy pequeños que generalmente dan a patios cerrados. Esto es, nada de vistas al jardín, como de hecho tuvo en otras celdas de las muchas otras cárceles en las que fue recluido el mafioso del que les hablo. Así que ahí fue encerrado en muchísimas ocasiones en las que tan sólo contaba con una pequeña lucecita que le dejaban encender a determinadas horas del día por si quería leer. Y hete ahí que a las dos de la mañana del 1 de enero de 1997, estando en una de estas celdas de castigo, en una prisión muy conocida y muy peligrosa que se llama Wakefield, al norte de Inglaterra, para ser más concretos, nuestro protagonista dormía profundamente en su camastro cuando, según relata, le despertó un gran puñetazo en el pecho que le hizo caerse de la cama. Inmediatamente pensó que alguno de sus compañeros de pasillo, igual de peligrosos que él, había conseguido entrar en la celda y atacarle. No obstante, acto seguido consiguió despabilarse un poco mientras preguntaba quién había entrado. Y cuál no fue su sorpresa cuando vio una figura humana llena de luz que le estiraba una mano y se le acercaba a la boca haciéndole sentir un inmenso calor en el cuerpo (y les recuerdo que era enero, que nevaba fuera de la cárcel y que, normalmente, allí ponen la calefacción a ciertas horas del día y a muy pocas horas de la noche, por lo que, como mucho, disponen de alguna que otra manta gruesa, pero nada más). Entonces, comenzó a sudar, y de repente, de nuevo según su propio relato, algo, un empuje, le obligó a caer de rodillas sin por ello enterarse aún muy bien de qué sucedía. Fue en ese preciso momento cuando ese ser, esa luminosa aparición, le dijo que era un ángel del Señor y que había llegado hasta él para darle un mensaje que, por cierto, es un secreto que solamente saben el abad y el arzobispo que años más tarde le ordenó monje benedictino. De dicho mensaje lo único que él nos transmitió a mí y a todos los demás fue que ese ángel le dijo que tenía que cambiar. "Albert, deja de correr -fueron sus primeras palabras-. El Señor te ha escogido y vas a trabajar para él. A partir de ahora nunca más podrás volver a ofender a tu Señor, y acabarás tus días en una casa de Cristo". Lo demás es, como les digo, un secreto que únicamente contó a las dos personas arriba citadas. Después, esa figura angelical desapareció dejándole inmerso en una enorme confusión, en un enorme miedo, ya que no sabía lo que eran los ángeles. Debemos comprender que era una persona que nunca había creído, que ni siquiera estaba bautizada, así que no entendía lo que era la religión. Y, por si fuera poco, toda su vida, desde niño, había sido muy traumática: fue abandonado, siendo bebé, en un orfanato, por lo que pasó su infancia de uno en otro centro de acogida de niños huérfanos, y su adolescencia también resultó atroz, pues fue violado por otro marinero adulto en el barco donde faenaba como pescador. A raíz de aquello empezaron las violaciones, la droga, la delincuencia adolescente y, por último, los actos mafiosos. Por tanto, no resulta raro que se quedara totalmente bloqueado y pensara, como él mismo confesaba, que se había vuelto loco. De su éxtasis le despertaron los gritos del resto de los presos, que no vieron al ángel pero sí que sintieron su luz. Sea como fuere, el caso es que este episodio fue sumamente importante para él, porque supuso adoptar una seguridad tremenda en sí mismo. Y no es para menos. Como les acabo de comentar, en un primer momento pensó que tantos años abusando del alcohol y las drogas habían hecho mella en él hasta el punto de que su adicción le estaba pasando factura con una locura de semejante tamaño, y para hacerle frente reaccionó de una manera muy humana y muy curiosa, esto es, decidiendo fumarse un porro, puesto que, por supuesto, guardaba droga bajo su colchón. Sin embargo, en su cabeza seguía repiqueteando la frase del ángel, "nunca más podrás volver a ofender a tu Señor", y nada más acercarse el porro a la boca notó una enorme arcada y empezó a devolver, a temblar y a tener convulsiones. Y posteriormente, una vez calmado, miró a las paredes de su celda, que, como las de los otros compañeros, estaban cubiertas de pornografía, y notó una inmensa tristeza. Ni asco, ni rabia, sino una inexplicable e inmensa tristeza. Entonces, no pudo frenarse y empezó a arañar las paredes para quitar todas aquellas fotos que le rodeaban. Así, ése fue el verdadero momento en el que, tal y como el ángel le había indicado, Albert cambió absolutamente de personalidad. No en vano, pasó unos diez días muy confuso, sin querer hablar con sus amigos. Anteriormente había sido el líder dentro de la cárcel porque sin duda era el más conflictivo, pero algo había sucedido, algo iba a ser distinto en él a partir de aquel episodio. Por tanto, no es de extrañar que los primeros sorprendidos fueran sus compañeros, que comenzaron a atosigarle preguntándole cómo había conseguido ese foco de luz tan increíblemente potente, cuando él no tenía ningún foco. En fin. Para no destriparles toda la novela, porque todo su relato lo encontrarán en ella, resumiré el asunto comentándoles que, poco a poco, se atrevió a hablar y relatar su experiencia. Había un monje que solía visitar a los presos de la cárcel, y si al principio Albert pasaba muchísima vergüenza y ni siquiera se atrevía a acercarse a él y contarle lo que le había sucedido, un día, por fin, logró vencer su timidez y explicarle su curiosísimo caso. Entonces, este monje le regaló su primera Biblia, lo que dio lugar a la verdadera transformación de Albert, hasta el punto de que empezaron a ocurrirle muchísimos fenómenos extraños y místicos dentro de la cárcel. Como, por ejemplo, cuando aprobaba con matrícula todos los exámenes de Teología, materia que pidió estudiar, sin apenas tener tiempo para prepararlos. Él lo explicaba argumentando que notaba un calor alrededor de él al sentarse delante del examen. Un calor que le permitía adquirir un entendimiento tan claro de lo que le preguntaban y un conocimiento bíblico y teológico tan profundo que no acertaba a comprender el porqué de su situación. Así las cosas, acabó cumpliendo su condena y posteriormente dedicó su vida a orar y ayudar al prójimo a través del sacerdocio. Su intención fue, desde el primer momento, trabajar en un monasterio como monje benedictino, y, de todos los monasterios ingleses en los que intentó entrar sin éxito, pues era rechazado por su pasado, sólo hubo uno que quiso acogerle: Nuestra Señora María de la Paz. Claro que, por supuesto, este nombre también me lo he inventado para proteger a los monjes de allí, aunque la historia siga siendo real. Pero, sea como fuere, el caso es que ahí acaba su vida. Yo le conocí recién ordenado. Recuerdo que, cuando fui a verle, me encontré con la desagradable sorpresa de que había diez periodistas ingleses de renombre haciendo cola delante de mí para saber la historia de quien, para entonces, ya era una persona muy conocida en el mundo de Scotland Yard, como les decía al comienzo de la conferencia. Lo cierto es que la noticia había volado dentro de las cárceles y había llegado al mundo periodístico de Londres rápidamente, por lo que pensé que iba a rechazar entrevistarse conmigo. El abad me dijo: "No sé qué pasara, porque usted es la única mujer, la única extranjera y la única católica". Así que, como se pueden imaginar, parecía tener todas las de perder ante tanto periodista anglicano (aunque Albert fuera católico). No obstante, me escogió, y todavía estoy agradeciendo al Señor que tuviera yo esa inmensa fortuna. He estado un año y medio trabajando junto a él en el monasterio. Le he entrevistado muy a fondo, me he estudiado todos los tests psiquiátricos que le hicieron tanto en la cárcel como a la entrada del monasterio (porque también tuvo la enorme suerte de que el abad que le admitió fuera psiquiatra, lo que permitió que su caso fuera estudiado muy a fondo), y, puesto que estaba claro que no se trataba de una esquizofrenia, una psicosis o cualquier otro tipo de trastorno debido a las drogas, esto es, que estaba totalmente sano cuando entró, experimenté muchísima seguridad como entrevistadora. Por tanto, ésta es la historia que relato en Un mensajero en la noche. Digamos que puede haber un 85% de verdad y un 15% ficticio, que es mi personaje. Yo lo he querido disfrazar de periodista inglesa, porque yo no soy periodista, soy pedagoga. Además, soy madre de familia y la entrevistadora es soltera, aunque realmente éstos sean pequeños detalles sin importancia. Entonces, yendo a lo verdaderamente significativo de todo esto y por concluir el tema, quisiera leerles un fragmentito de una de las grabaciones de mis charlas con Albert, porque creo que sus palabras les pueden hacer comprender sus sentimientos, su necesidad de contar al mundo su historia con esa enorme alegría y ese enorme entusiasmo que le caracterizaban. Albert murió jurándome que todo era cierto, que jamás me había mentido y que su fe se basaba en un hecho místico inexplicable que él todavía no había conseguido entender con claridad. "Porque yo, María -me repetía una y mil veces-, no era digno de recibir un regalo así. No lo soy aún. Muero sin ser digno. Pero cuéntaselo al mundo, María, tanto a la gente normal como a los presos, las prostitutas, los mendigos, los desolados. A todos. Todos deben conocer mi historia, porque Él, en su infinita misericordia, me salvó. Que mi testimonio sirva, a través de tu novela, para que muchos crean". Y ahora quiero compartirte un hermoso tema dedicado a nuestro Ángel de la Guarda. Se un niño, reza como niño y veras a Dios como Padre.
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“AN IRISH BLESSING”, es una antigua bendición irlandesa. En lo personal considero que es una joya, una clara muestra de lo que mucho que la simplicidad puede a portar a nuestras vidas. Al ser tan famosa, pues esta oración ya hace parte de la tradición cultural de Irlanda, su letra ha inspirado las más impresionantes composiciones. La versión que ahora van a escuchar, interpretada por “Ensembles - PG Borromäum”, en su trabajo discográfico “Konzertreise Siena”, es –en mi opinión- estupenda. Mientras la escuchan, les invito a que piensen en todas aquellas personas a las que aman y que hace mucho tiempo no ven, o no se han comunicado con ellas. ¿Por qué no escribirles un correo hoy? Además les invito a que miren –mientras escuchan- la fotografía con la que he ilustrado este texto, de un modo simbólico pueden ver –en la persona de la foto- a todos los que aman. “HASTA QUE VOLVAMOS A VERNOS, QUE DIOS TE GUARDE EN LA PALMA DE SU MANO” ésta es mi oración por cada uno de ustedes. ANTIGUA BENDICIÓN IRLANDESA Que el camino venga a tu encuentro, Que el viento sople siempre a tu espalda, Que el sol ilumine siempre tu rostro, Que la lluvia caiga suavemente en tu campo, y hasta que volvamos a vernos... que Dios te guarde en la palma de su mano. (Anónimo) Ahora la letra en Ingles, tal cual la escucharás: AN IRISH BLESSING "May the road rise to meet you, may the wind be always at your back, may the sun shine warm upon your face, may the rains fall soft upon your fields, and until we meet again, may God hold you in the palm of His Hand".
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¡Nuestro centro es Cristo! Eso lo tengo claro, y precisamente por eso, María está a su lado. En este pequeño espacio, quiero agradecer a esta Dulce Madre, su presencia, su amor, su ternura para con este hijo pecador. La canción que ahora les comparto es una estupenda composición de Felipe Gómez, un cantante católico colombiano. Al igual que con las otras producciones que he "colgado" en ésta página personal, la idea es que se emocionen con la música católica y apoyen a los artistas que hoy día lo están entregando todo por la Evangelización. Si lo que escuchas aqui te gusta, adquiere las producciones de estos hermanos nuestros. Sobre esta canción comparto además dos cosas: la primera, una acción de gracias a Dios por concederme el privilegio de pertenecer a la Legión de María, una realidad eclesial nacida en Irlanda. Soy legionario de María desde hace 13 años. La segunda cosa que quiero compartirles es una invitación. Nuestro Praesidium (así se llaman lo grupos en la Legión de María) tiene por nombre un hermoso título que la Iglesia de Oriente le ha dado a la Madre de Dios: María Isha betel (María Mujer Casa de Dios). Nos reunimos en la Catedral Metropolitana María Reina (en el Salón Parroquial) todos los domingos a las 2:30 de la tarde. Si quieres participar llámanos al celular: 316 798 72 63. Ánimo, será una experiencia maravillosa.
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Desde que entré en este mundo de la prensa católica, he escrito para todos: para los tristes, para los alegres, los solteros, los casados, ahora –por una especial gracia de Dios- escribo para mis estudiantes. Unos jóvenes maravillosos a quienes agradezco la oportunidad que me han dado para mostrarles el rostro de ese Dios en quien creo. Un Dios que es amor, que no le gusta que vivamos nuestra fe por obligación sino por convicción. Al escribir estas líneas quiero animarlos a seguir con alegría y obediencia esta gran aventura que hemos comenzado; la aventura de redescubrir nuestra fe. Por eso, este pequeño escrito lo dedico -con mucho aprecio- a mis alumnos del David Perkins School. Chicos, chicas, ánimo, ¡Dios es alegre! ¡Abran su Corazón a Cristo!. ¿SE ACUERDAN DE LOS QUE HEMOS HABLADO EN CLASE? En clase hemos hablado mucho de lo que son las elecciones humanas. Cada hombre y mujer que habita en esta tierra, se enfrenta cada día a un sin fin de elecciones. Unas trascendentales y otras menos importantes. El asunto es que estas elecciones pueden hacernos felices o, por el contrario, sumirnos en la infelicidad. Ver un poco los frutos de las lecciones vitales de otros ha sido algo en lo que hemos trabajado duro en las últimas dos semanas; ahora veremos otra de esas elecciones personales que marcó el destino de miles de personas con el doloroso signo de la muerte. Hace algunas décadas, al inicio del siglo pasado, el odio demencial del Nazismo tiñó de sangre al pueblo de la Antigua Alianza. Miles de judíos fueron asesinados en los terribles campos de concentración; muchos fueron torturados, mutilados, ahogados en cámaras de gas y luego quemados en hornos. Al contemplar semejante barbarie, es lógico hacerse la pregunta que hace poco me hizo uno de mis estudiantes, Mario, de octavo grado: ¿Por qué Dios permite tal sufrimiento? El sufrimiento humano es algo que no se entiende fácilmente, mucho menos se acepta. Sin embargo, acontecimientos como el Holocausto Judio, no aparecen en nuestra historia para que los comprendamos sino para interpretar en ellos el alcance de las decisiones humanas. Una mente perversa había decidido que los judíos debían ser exterminados y con ello miles de inocentes fueron condenados ¿Qué podemos aprender de todo esto? Será la pregunta que abordaremos en clase. Mientras, quiero que sepan que esta misma barbarie que destruyó la vida de tantos inocentes, inspiró la compasión y la misericordia en millones de seres humanos que se sintieron profundamente tocados por el dolor de Israel, la tragedia de los judíos. Ariel Ramirez, músico argentino, fue uno de ellos. En un viaje que realizó a Europa, se hospedó en un convento de religiosas que vivieron muy de cerca el dolor de los judíos. A menos de un kilómetro de su convento existió uno de los más sangrientos campos de concentración. Al escuchar el testimonio de estas religiosas, Ariel quiso componer un tema, una canción que repara y consolara el dolor de estos miles de inocentes. El tema que he escogido para esta reflexión que ahora les presento hace parte de una obra conocida como “Misa Criolla”, y el nombre de la canción es “Kyrie”; dentro de la liturgia católica es un canto que hace parte del rito penitencial. Ahora quiero invitarlos a leer lo que el mismo Ariel Ramírez -compositor del tema que ahora van a escuchar- dijo acerca de su obra: “En Roma había conocido al Padre Antuña, estudioso prelado de Argentina, quien me presentó al Padre Wenceslao van Lun, un holandés con quien nos entendíamos en un italiano básico pero eficaz, y al mismo tiempo bastante divertido. Van Lun me llevó a Holanda y desde allí me recomendó a un convento en Würzburg, una pequeña y hermosa localidad a unos 100 km. de Franckfurt. Todos los seminaristas hablaban alemán, salvo dos monjitas que estaban a cargo de la cocina y a quienes el Padre van Lun me presentó para ayudar a comunicarme, pues suponía que entendían español. La realidad era que las hermanas Elizabeth y Regina Brückner habían vivido en Portugal, y algo de español entendían, lo cual fue para mí una salvación en todo sentido: por fin podía dialogar y, por añadidura, desde ese día, empecé a comer con ellas, directamente en la mesa de trabajo de la cocina. Frecuentemente, desde la ventana de la cocina, contemplaba el magnífico paisaje semiboscoso, gloriosamente verde, con una enorme casona que a lo lejos se dibujaba de blanco con las últimas nieves de la primavera. Tanta belleza me producía sentimientos exultantes y, desde mis jóvenes años, me parecía estar un paso más arriba de la tierra. Ellas no compartían mi entusiasmo. No podían olvidar que esa casona y las tierras más distantes habían sido parte de un campo de concentración donde hubo alrededor de mil judíos prisioneros. Desde la distancia, las monjitas me contaron, podían imaginar el horror y el miedo. Sólo en voz muy baja llegaban noticias acerca del frío y del hambre. Una estricta regla castigaba con la horca -sin más trámite- a cualquiera que ayudara o simplemente tomara contacto con aquellos que esperaban su trágico destino. Pero Elizabeth y Regina habían elegido la misericordia y habían sido formadas para el valor, de modo que, noche tras noche, empaquetaban cuantos restos de comida podían y se acercaban sigilosamente al campo para dejar su ayuda en un hueco debajo del alambrado. Durante ocho meses ese paquete desapareció cada día. Hasta que un día nadie retiró el paquete y tampoco los siguientes, que se fueron acumulando. La casa estaba vacía y los rumores esparcieron la noticia acerca del traslado de los prisioneros. El temido viaje se había iniciado una vez más. Al finalizar el relato de mis queridas protectoras, sentí que tenía que escribir una obra, algo profundo, religioso, que honrara la vida, que involucrara a las personas más allá de sus creencias, de su raza, de su color u origen. Que se refiriera al hombre, a su dignidad, al valor, a la libertad, al respeto del hombre relacionado a Dios, como su Creador. Un día de 1954, tal vez del mes de mayo, estando en Liverpool, no puede resistir la tentación de subir a un barco, el Highland Chefstein, que iba a Buenos Aires donde me esperaban mi hija Laura, de cinco años y mis viejos, que superaban los setenta. Me había convencido que en dos meses regresaría al lugar donde ya había decidido afincarme para siempre, pero el destino me reservaba otro rumbo. En aquel barco que atravesaba el Atlántico hacia el sur, empecé a rememorar el relato de las hermanitas Brückner y a pensar en toda la solidaridad humana, todo el amor que había recibido, de parte de gente extranjera con la que apenas podíamos comunicarnos por el desconocimiento mutuo de nuestras lenguas. Me conmovía pensar en que todo lo que recibí fue exclusivamente por amor a mi música y a mi persona, hasta que comprendí que sólo podía agradecerles escribiendo en su homenaje una obra religiosa, pero no sabía aún cómo realizarla”. Al regresar a Argentina, todo se transformó en mi vida, mi carrera había crecido y mis canciones comenzaron a ser muy populares, poco a poco comencé a ser Ariel Ramírez... con el tiempo Europa quedó muy lejos... pero mi pensamiento seguía centrado en la idea surgida en el Atlántico. En esta búsqueda comencé a reunir información, y es así que tiempo después me encontré con el Padre Antonio Osvaldo Catena (link a texto), amigo de la juventud en Santa Fe, mi ciudad natal, quien fue realmente el que transformó la base de lo que yo había escrito pensando en una canción religiosa, en una idea increíble: la posibilidad de componer una misa con ritmos y formas musicales de esta tierra. El padre Osvaldo Catena era en 1963 Presidente de la Comisión Episcopal para Sudamérica encargada de realizar la traducción del texto latino de la misa al español, según el Concilio Vaticano de 1963 que presidió SS Pablo VI. Cuando ya tenía terminados los bocetos y formas del ordinario de la misa el mismo Catena me presentó a quien realizaría los arreglos corales de la obra: el Padre Segade”. De este dolor que Ariel Ramírez pudo compartir con los más de 6 millones de judíos asesinados en los campos de concentración, nació lo que a continuación escucharán. Les invito a subir el volumen y a contemplar –mientras escuchan este desgarrador canto- la fotografíacon la que he ilustrado este artículo. Después de escuchar el canto, responde las siguientes preguntas: 1. ¿Qué produjo en tu corazón la melodía que acabas de escuchar? 2. ¿Qué podemos hacer para que nuestro mundo sea más habitable? 3. ¿Podemos llamarnos cristianos y no hacer todo lo posible por aliviar el dolor en el mundo?
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Por ROGER VARGAS CHOLES Asistente de Redacción Kairós En arameo la palabra «anawín» significa “hombre pobre, cuya única riqueza es tener a Dios; hombre que cree y espera radicalmente en Él y, teniéndole en su ser, le basta para vivir”. La figura de estos hombres y mujeres conocidos también como “los pobres de Yahveh”, ha inspirado durante siglos a la gran mayoría de escritores espirituales. Quizá esto se deba a que la definición de lo que son los anawín concuerda con el ideal de lo que debe ser el orante, es decir, el hombre de oración. Pero, ¿quién es un orante? Es esencialmente un hombre de fe; un creyente que por su fe, confía plena y radicalmente en su Señor. Es uno en quien ese “Shemá”, ese credo hebreo que reza: “…Amarás al Señor tu Dios con todo tu Corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas…”, se hace experiencia, se convierte en modo de vida. Un anawín, en el contexto cristiano, es uno que por su disponibilidad a la acción del Espíritu se ha hecho imagen del Siervo de Yahveh, Jesucristo, manso cordero que no se resiste al mal. Es un cristiano que no ora, sino que -como lo dijera Juan Pablo II- deja que el Espíritu Santo ore a través de él “con gemidos inefables”. Es un verdadero orante; y a pesar de su humildad, sabe quién es, se reconoce hijo y no tiene dudas sobre quién es en verdad su Padre, pues el mismo Espíritu que le fue concedido en el bautismo le hace clamar “Abba”. TRES HOMBRES, TRES ORANTES San Basilio afirma que existen tres tipos de cristianos, por ende, tres tipos de orantes; dos falsos y uno verdadero. El primero, es el “cristiano mercenario o comerciante”. Su oración es un negocio y su vida de “virtud” existe sólo por interés; es un hombre que “practica” su fe como si fuese una transacción comercial. Se dice así mismo: “yo cumplo para que Dios me cumpla, yo doy para que Dios me dé”. De ahí que, cuando Dios permite en su vida acontecimientos que le desestabilicen, que le saquen de su cristianismo burgués, entre en crisis y se deshaga en reproches contra Dios: “¿Por qué permites esto si yo voy a misa los domingos, no robo, no mato, doy limosna…?” Esta es la típica persona que cree que sólo sus prácticas religiosas le obtendrán el favor de Dios. El segundo tipo de cristiano, según san Basilio, es el “esclavo”. Este hombre es el otro extremo de la cuerda. No profesa su fe por interés, como el mercenario, sino por miedo. La imagen totalmente distorsionada que tiene de Dios es la de un castigador implacable. Este hombre ve el cristianismo como una carga; es uno que por escandalizarse de sus pecados reniega de su frágil condición humana. Esto le lleva a alienarse en una “espiritualidad del esfuerzo”, pues piensa que sólo su esfuerzo le concederá el que Dios le ame. Por último, está el cristiano que es “hijo”. Este hombre no vive su fe por interés, ni por miedo, sino por amor. Al orar se siente y se reconoce hijo amado. Su oración “no es una conversación del hombre, simple criatura, con la divinidad, sino una conversación del hijo de Dios con su Padre Celestial para adorarle, alabarle, manifestarle su amor, tratar de conocer su voluntad y obtener de Él la Gracia necesaria para cumplirla” (Dom Columba Marmion). Para quien se siente hijo, “la oración es fruto del gozo y del agradecimiento”(San Nilo el Asceta). ¿Con cuál de los tres tipos de orantes nos identificamos? Es una pregunta que nos urge responder, sólo así sabremos dónde estamos. Si hacemos parte de los dos primeros, es decir, mercenarios y esclavos, debemos pedir la gracia de rechazar esas falsas imágenes de Dios; “la oración consiste en un rechazo de los conceptos, por el que permitimos a Dios –el Dios viviente- y no el objeto conceptual de los filósofos, revelarse en nosotros como una luz en medio de las tinieblas, como sucedió a Moisés en el Sinaí y con los apóstoles en el Tabor” (Emilianos de Simonos Petras). Ahora bien, independientemente de lo engañados que podamos estar sobre Dios, somos sus hijos y Él nos ama. Pidámosle la gracia de poder sentirnos como tales; que sea ahora su Espíritu el que nos haga rezar: “Padre nuestro que estás en el Cielo…”
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"Si para recobrar lo recobrado, tuve que haber perdido lo perdido; si para conseguir lo conseguido, tuve que soportar lo soportado; si para estar ahora enamorado, fue menester haber estado herido; tengo por bien sufrido, lo sufrido; tengo por bien llorado, lo llorado. Porque después de todo he comprendido, que no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido. Porque después de todo he comprobado, que lo que tiene el árbol de florido, vive de lo que tiene sepultado”. (Francisco Luis Bernárdez, poeta argentino) Por RÓGER VARGAS CHOLES Asistente de Redacción Kairós rogervch@yahoo.com www.miroforas.podomatic.com La razón por la que Dios permite el sufrimiento en la vida de los seres humanos es una cuestión inquietante. En nuestra vida, el sufrimiento nos visita con frecuencia, más de lo que quisiéramos: una enfermedad, la pérdida de un ser amado, una crisis económica; circunstancias muy comunes, muy cotidianas; aun así, no importa cuántas veces las hayamos vivido, en cada ocasión de sufrimiento, conscientemente o no, siempre terminamos preguntándonos “¿por qué?” DE LA RESPUESTA DEPENDE TODO Pensadores, teólogos, santos, todo tipo de personas -incluso ateos- han tratado de dar respuesta al “problema” del sufrimiento humano, y aunque no siempre los argumentos que algunos de ellos nos presentan poseen esa fuerza capaz de devolvernos la paz, la respuesta de cada uno de nosotros ante la realidad del dolor, sí puede encaminarnos hacia ella, hacia esa paz que buscamos. Lamentablemente también pueden hacer que la perdamos de vista. Personalmente creo que esto se entiende mejor a la luz de las experiencias de vida de la gente. No se trata de hacer del sufrimiento del otro un show melodramático, un espectáculo para llorar, pero sí de ver en sus historias de vida las diversas respuestas que cada uno ha dado al sufrimiento. Pienso ahora en un Juan Pablo II, asumiendo su enfermedad con una entereza y una fe únicas; en un Tony Meléndez o un Facundo Cabral. ¿A quién se le hubiera ocurrido que ante las difíciles situaciones que vivieron, ellos iban a responder de la manera en que lo hicieron? Tony Melendez, un músico que nació sin brazos, interpretando magistralmente la guitarra con los pies, y Facundo Cabral, criado en las calles, abandonado por su padre, un hombre dedicado a anunciar al mundo, a través de su música, el poder del amor y la fuerza de la esperanza. RECONCILIADOS CON LA HISTORIA Escuché hace poco -en una conferencia- una frase que me llamó mucho la atención: “Si Dios escribe derecho sobre líneas torcidas, entonces los renglones torcidos de la historia poseen la escritura de Dios”. Aplicándola a nuestra vida, a nuestra historia personal, podremos comprender que nunca hemos estado solos; por tortuosos y oscuros que hayan sido nuestros caminos, Dios jamás nos ha abandonado. Ahora bien, la diferencia entre alguien que sale de la esclavitud del pecado y otro que no, reside en una sola cosa: la apertura voluntaria a la Gracia. Y aunque no siempre estas situaciones oscuras son pecados, pueden ser también circunstancias como las de los tres casos que citábamos, la única forma de afrontarlas cristianamente es con la ayuda de Dios. ¿Tienes problemas? ¿Tu matrimonio está a punto de acabarse? ¿Estás deprimido? ¿La pobreza te está haciendo sufrir? Abre tus ojos, Dios está pasando, toma su mano, no tengas miedo. Todo nos puede conducir a Dios, o alejarnos de Él. La decisión es de cada uno. Ya es tiempo de dejar de lamentarse por la pobreza, por la soledad, por la familia que nos tocó, por el esposo o por la esposa que tenemos; como decía Santa Teresa: “TODO ES GRACIA”. Todo ha sido para nuestro bien. Nuestra historia es santa, sagrada, perfecta. El día en que nos reconciliemos con ella y dejemos de lamentarnos, se abrirán nuestros ojos y podremos ver a Dios que pasa. Entonces seremos felices para siempre, nada podrá robarnos la paz. CERO ROMANTICISMOS Suena bonito, pero es algo tan real como el concreto. Los testimonios lo confirman una y otra vez. Desde el mismo momento en que el hombre se reconcilia con su historia personal y pone su confianza en Dios, se inicia en él, una transformación total. El creyente puede pasar por situaciones difíciles y, aun así, no perderá la paz. Casi que literalmente podrá caminar sobre las aguas. Las aguas de la muerte, la enfermedad, la soledad. Obviamente se ocupará en la solución de los problemas, pero su corazón estará sereno; bien sabe que no está solo.
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La peor crisis de nuestro tiempo no es social ni económica, es una crisis de amor. En la raíz de todos los acontecimientos lamentables que vivimos, que incluso sufrimos, se encuentra un vacío de amor, de comprensión. Nadie que haya experimentado verdaderamente lo que es ser amado, aceptado incondicionalmente, es capaz de hacerse daño o dañar a otro. Quienes hoy son agentes de violencia y conflicto, dan prueba de los estragos que la falta de amor puede generar en el corazón del hombre. Para unos este vacío afectivo pudo ser producto de una familia sin amor, para otros, el encuentro cara a cara con el odio generó en ellos profundos resentimientos y dolor; para unos y otros, la ausencia del amor cambió para siempre el rumbo de sus vidas. UNA VERDAD FUNDAMENTAL En el plano de la fe, el problema se torna aun más complejo. Ya no se estaría hablando de una “ausencia del amor” sino de una incapacidad, por parte del hombre, para descubrirlo, para encontrarlo y experimentarlo en su vida. Dios sigue allí, en la historia y el devenir de los siglos, en los acontecimientos y en el corazón de aquellos a quienes más ama, y aun así es muy común encontrarse con personas que viven como si este amor de Dios fuese una bonita fantasía, mas no una realidad capaz de cambiarles la vida y de hacerles felices. En ocasiones, y ya esto se aplica a los que si creen en Dios, pero su relaciones con Él están más en el plano de la norma, del cumplir por miedo, este amor no es algo que se entienda fácilmente. Es el caso de los “creyentes justicieros”. Cristianos que creen que Dios ama, pero que su amor está condicionado a la rectitud del hombre; en otras palabras, creen que Dios sólo ama a los buenos, y que para ser amados por Dios hay que esforzarse por ser buenos. Para este tipo de cristianos es inconcebible que Dios ame a alguien que peca, pues esto no sería justo. Su limitada percepción sobre lo que es justo y lo que no lo es, les lleva a enfrentar la misericordia con la justicia; y aunque no lo reconozcan, la misericordia les resulta a veces una realidad incomprensible; incluso llegan a afirmar que Dios sólo puede ser misericordioso en la medida en que el hombre sea bueno. Así las cosas, cuando juzgan a alguien, no sienten dolor alguno por el pecado que están cometiendo, pues creen que Dios está de acuerdo con sus juicios. Esto lo pueden pensar creyentes con muchos años en la Iglesia, pero también –y son muchos más- lo piensan y lo creen, miles de hombres y mujeres que están convencidos que Dios no perdonará los pecados que han cometido. Nuevamente el desenfocado concepto de justicia les lleva a creer que, si Dios es verdaderamente justo, no perdonará la maldad que han cometido. NUEVOS JUDAS EN NUEVOS TIEMPOS Ese fue el gran pecado de Judas, y sigue siguiendo la condena para muchos que creen que Dios tiene un corazón como el de los seres humanos; un corazón que se reciente, que guarda rencor y que incluso puede resistirse a perdonar. A propósito de esto, un escritor, del que no recuerdo ahora el nombre, afirmó alguna vez que “si Judas se hubiese arrepentido, se hubiera escrito una de las páginas más hermosas del Evangelio”. Pienso por un momento a cuantos más le ha sucedido lo de Judas, y creo que algo de responsabilidad tenemos los que nos consideramos creyentes; cuánta gente llega a nuestras unidades pastorales, a nuestras casas, a nuestras vidas, y les cerramos las puertas, no somos capaces de ser misericordiosos. Y no lo somos porque aun no hemos aceptado la verdad fundamental del Cristianismo: DIOS ES AMOR. Misericordia y Amor de Dios son realidades sinónimas; sabemos que Dios nos ama, decía San Pablo, porque nos ha dado a su hijo para que muriera por nosotros, cuando aun éramos malhechores. Es por eso que la realidad más “subversiva” del cristianismo es la misericordia, pues hecha por tierra toda ideología y previsión humana. No es fruto del esfuerzo, no se merece, se acepta o no, pero no puede accederse a ella por la fuerza. En estos días, estuve viendo un documental sobre la vida Chris Farley, un humorista estadounidense que murió por una sobredosis hace algunos años. Farley era católico y asistía cada domingo a la Eucaristía. Siempre se sentaba en la última banca del templo y lloraba durante toda la misa, se consideraba demasiado pecador y creía que Dios no le perdonaría todos sus pecados. Su vida estuvo marcada por serios problemas de alcoholismo y drogas. A veces pienso, ¿Cuánta gente estará pasando por lo mismo? Se que es una pregunta que sólo Dios puede responder. Pero también se que, muy cerca de nosotros, puede haber alguien que está esperando la noticia que puede reconstruirlela vida: que Dios es Amor, y que Dios le ama incondicionalmente. ¿Seremos nosotros los mensajeros?
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Hay una luz. No tengas miedo. Esta preciosa canción es una de mis favoritas. Escúchala no sólo con los oidos; abre tu corazón. (SÓLO TIENES QUE HACER "CLICK" EN EL SIGNO DE PLAY DESPUÉS DE LAS LETRAS, EN EL CUADRITO VERDE, ESPERA A QUE SE CARGUE, Y LISTO) Te ofrezco ahora su letra en Inglés y en Español WHEN YOU BELIEVE Many nights we pray With no proof anyone could hear And our hearts a hopeful song We barely understood Now we are not afraid Although we know there's much to fear We were moving mountains long Before we know we could There can be miracles When you believe Though hope is frail It's hard to kill Who knows what miracles You can achieve When you believe Somehow you will You will when you believe In this time of fear When prayer so often proves in vain Hope seems like the summer birds Too swiftly flown away And now I am standing here My heart's so full I can't explain Seeking faith and speaking words I never thought I'd say There can be miracles When you believe (When you believe) Though hope is frail It's hard to kill Who knows what miracles You can achieve (You can achieve) When you believe Somehow you will You will when you believe They don't always happen when you ask And it's easy to give in to your fear But when you're blinded by your pain Can't see your way safe through the rain Thought of a still resilient voice Says love is very near There can be miracles (miracles) When you believe (When you believe) Though hope is frail It's hard to kill Who knows what miracles You can achieve (You can achieve) When you believe Somehow you will You will when you believe You will when you believe You will when you believe Just believe You will when you believe CUANDO CREES Muchas noches rezamos Sin evidencia de que alguien pudiera oir. En nuestros corazones, una esperanza por una canción Que apenas entendíamos. Ahora no tenemos miedo, Aunque sabemos que hay mucho por lo que temer. Estábamos moviendo montañas, Mucho antes de que supiéramos que podíamos. Puede haber milagros, Cuando crees. Aunque la esperanza sea frágil, Es difícil de matar. Quién sabe qué milagros Podrías lograr? Si crees, de alguna manera lo harás. Lo harás, si crees. En esta época de temor, Cuando la oración resulta tan seguido en vano, La esperanza se parece a un pájaro en verano, Que voló tan suavemente. Sin embargo ahora estoy parada aquí, Mi corazón está tan lleno que no lo puedo explicar, Buscando la fe y diciendo palabras Que nunca pensé que diría. Puede haber milagros, Cuando crees. Aunque la esperanza sea frágil, Es difícil de matar. Quién sabe qué milagros Podrías lograr? Si crees, de alguna manera lo harás. Lo harás, si crees. No siempre suceden cuando los pides Y es fácil rendirse a los miedos. Pero cuando estás enceguecido por el dolor, No puedes ver el camino, ni atravesar por la lluvia. Una pequeña pero incesante y resistente voz Dice que la esperanza está muy cerca. Puede haber milagros, Cuando crees. Aunque la esperanza sea frágil, Es difícil de matar. Quién sabe qué milagros Podrías lograr? Si crees, de alguna manera lo harás. Lo harás, si crees. Lo harás, si crees. (no olvides dejar tu comentario al final, has clic en comments)
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Este es uno de los cantos hebreos que más me gustan. Siempre me ha llamado la atención esa profunda relación que como cristianos tenemos con el antiguo pueblo Israel. El camino que nos conduce a la comunión es irresistible, supera todo odio y división. "Ashira l'Adonai", que más o menos se traduce como "Canto una alabanza al Señor", es un antiguo himno pascual hebreo. La música de esta version fue compuesta por Stephen Schwartz. Según las palabras de un crítico de su obra, "este bello tema expresa la esperanza del espíritu humano, la capacidad para superar las adversidades más enormes y seguir adelante hacia una vida mejor cuando se conservan la fe y los sueños", y añade: "Es sugerente que los niños que conocían la libertad por primera vez en su vida cantaran esta canción de alabanza. Su voz subía al cielo como un himno de acción de gracias y alegrías; fue el amenecer luego de la oscuridad y la devastación de las Plagas de Egipto". Letra: Hebrew Children A-shi-ra la-do-nai ki ga-oh ga-ah EN INGLÉS: (I will sing to the Lord, for he has triumphed gloriously) EN ESPAÑOL: Yo cantaré al Señor, porque ha triunfado gloriosamente A-shi-ra la-do-nai ki ga-oh ga-ah (I will sing to the Lord, for he has triumphed gloriously) Yo cantaré al Señor, porque ha triunfado gloriosamente Mi-cha-mo-cha ba-elim adonai (Who is like You, oh Lord, among the celestial) Quién como Tú, oh Señor, en el cielo Mi-ka-mo-cha ne-dar- ba-ko-desh (Who is like You, majestic in holiness) Quién como Tú, majestuoso en alegría Na-chi-tah v¡¯-chas-d¡¯-cha am zu ga-al-ta (In Your love, You lead the people You redeemed) En tu amor, Tú guías al pueblo que Tú redimiste Na-chi-tah v¡¯-chas-d¡¯-cha am zu ga-al-ta (In Your love, You lead the people You redeemed) En tu amor, Tú guías al pueblo que Tú redimiste A-shi-ra, a-shi-ra, a-shi-ra... (I will sing, I will sing, I will sing) Yo cantaré, yo cantaré, yo cantaré
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Éste es uno de mis cuentos favoritos
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SIMPLEMENTE GENIAL. ESTO ES LO QUE TODOS NECESITAMOS
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nuwave, nu soul, r-solution, marc mac, 4hero.
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